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Gestorragias. Embarazo Ectopico
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Enviado por Dra. Saratania Crespo López
Código ISPN de la Publicación: EkyVAAAVZABQJZHBdk
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| Resumen: Se realiza una revision bibliografica en relacion a las gestorragias haciendo hincapie en el embarazo ectopico teniendo en cuenta su frecuencia en nuestra area y las dificultades que existen aun en su diagnostico oportuno y tratamiento lo cual puede afectar seriamente la salud materna pues constituye un cuadro grave que de no ser atendido oportunamente podria causar la muerte. Se relaciona la frecuencia, clasificacion, fisiopatologia, evolucion, cuadro clinico, diagnostico y tratamiento... |
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Resumen
Se realiza una revisión bibliográfica en relación a las gestorragias haciendo
hincapié en el embarazo ectópico teniendo en cuenta su frecuencia en nuestra
área y las dificultades que existen aun en su diagnostico oportuno y tratamiento
lo cual puede afectar seriamente la salud materna pues constituye un cuadro
grave que de no ser atendido oportunamente podría causar la muerte. Se relaciona
la frecuencia, clasificación, fisiopatología, evolución, cuadro clínico,
diagnostico y tratamiento.
Introducción
La hemorragia durante la gestación está relacionada con morbilidad y mortalidad
perinatal. La exacta incidencia de estas afecciones, a veces no es clara, por
falta de estudios de series y diferencia en los reportes en diferentes
hospitales y países. (1)
Las gestorragias constituyen una de las tres causas de muerte materna junto con
la hipertensión gravídica y la sepsis materna; se caracteriza por sangramientos
que ocurren como consecuencia de un trastorno en la gestación; dicha hemorragia
es una amenaza tanto para la vida de la embarazada como de su producto. (2,3)
Por sus características, peculiaridades y cuadro clínico los sangramientos se
agrupan en: (1)
Sangramiento de la primera mitad de la gestación:
Aborto, embarazo ectópico y enfermedad trofoblástica,
Sangramiento de la segunda mitad de la gestación:
Placenta previa
Desprendimiento prematuro de la placenta normoinserta
Otros menos frecuentes como: vasa previa, rotura del seno marginal de la
placenta.
Sangramiento del Post parto inmediato, relacionado con el alumbramiento o del
post-alumbramiento y puerperio:
Atonía uterina
Retención total o parcial de la placenta
Laceraciones del canal genital o del útero por instrumentaciones y otras
maniobras obstétricas.
En nuestro trabajo profundizaremos específicamente en el Embarazo Ectópico dada
la importancia de hacer un diagnóstico precoz y oportuno en nuestra atención
primaria de dicha afección.
El embarazo ectópico es una entidad sumamente peligrosa, en la que si no se
establecen su diagnóstico y tratamiento a tiempo acabará con la vida de muchas
mujeres que lo padecen. (4)
La incidencia de embarazo ectópico está aumentando en muchas partes del mundo;
en nuestro país constituyó el 11,9% del total de las muertes maternas directas
entre 1985 y 1995 y en los últimos 6 años es del 12%.(4)
En el momento actual se acepta que en todo el mundo ha ocurrido un aumento en la
incidencia de embarazos ectópicos, atribuible probablemente a la mayor
frecuencia de inflamaciones pélvicas provocadas por enfermedades de transmisión
sexual, abortos, dispositivos intrauterinos, etcétera. En algunos lugares más
del 1 % de todos los embarazos tienen una localización ectópica. Su aumento ha
sido notable en las últimas décadas; en Finlandia se reportó en 1973 una
incidencia de 10,9 embarazos ectópicos por cada 1 000 embarazos diagnosticados
(1 x 92 embarazos), y en 1982 aumentó al 20,9 x 1 000, o sea, 1 x 47 embarazos (Tuomivaara).
Ville reporta en Europa 1 ectópico por cada 63 embarazos. (5)
Concepto:
El embarazo ectópico es el que no se implanta en la cavidad uterina, constituye
un trastorno que puede causar la muerte de la mujer que lo padece y el producto
de la concepción casi siempre se pierde. De estos embarazos aproximadamente el
98 % son tubáricos, 60 % ampulares, 30 % istmicos, 5 % fímbricos, y 3 %
intersticiales, el 2 % restante corresponde a otras localizaciones: ováricas,
cervicales, intraligamentarias y abdominales. (4)
El embarazo ectópico (EE) es una de las causas de dolor agudo abdominal de gran
dramatismo en la clínica. Tiene su origen en la implantación del óvulo fecundado
fuera de su lugar normal. No pocas veces se emplea erróneamente el término
embarazo ectópico (de ectos, fuera y topos, lugar) como sinónimo de embarazo
extrauterino, en realidad el EE es más abarcador pues hay gestaciones dentro del
útero que son ectópica (intersticial y cervical). Se trata de una de las
gestorragias de la primera mitad del embarazo cuya expresión clínica habitual es
la tríada clásica de dolor abdominal, sangramiento y amenorrea. Sus causas aún
no están plenamente esclarecidas, se invocan como las más probables la
destrucción de la estructura anatómica de la trompa de Falopio, las aberraciones
de la motilidad tubárica, desequilibrios hormonales y la transmigración del
oocito. (6)
En las últimas décadas ha aumentado la frecuencia de embarazos ectópicos. Una
vez establecida esta sospecha diagnóstica, hay que ingresar a la paciente para
investigar hasta confirmarla o negarla con seguridad y rapidez. (4)
Para disminuir su morbilidad y mortalidad es preciso un diagnóstico oportuno y
precoz antes de aparecer las complicaciones, esto dependerá de una adecuada
educación de la población sobre sus principales aspectos clínicos, evolución y
riesgos, unido a un sistema de salud eficiente que se inicia desde el nivel
primario hasta el hospitalario. (7)
Grupos de Riesgo. (4,8)
1. Antecedentes de inflamaciones pélvicas, sobre todo a Chlamydia Trachomatis y
Neisseria
Gonorrheae.
2. Operaciones sobre las trompas para buscar fertilidad.
3. Embarazo ectópico anterior.
4. Esterilización tubárica.
5. Pacientes con dispositivos intrauterinos.
6. Tomadoras de anticonceptivos por vía oral.
7. Embarazo por técnicas de reproducción asistida.
8. Fumadoras.
Es importante resaltar que las pacientes con antecedentes de abortos provocados
previos presentan una frecuencia mucho mayor de embarazo tubario cuando se
compara con aquellas mujeres sin este antecedente. (9)
Se puede sospechar la presencia de un embarazo ectópico en toda mujer que
presente como factores predisponentes: (4)
1. En mujer sana, saludable, sin antecedentes algunos de enfermedad.
2. Enfermedad inflamatoria pélvica
3. Anormalidades anatómicas de las trompas.
4. Cirugía previa en las trompas.
5. Masas tumorales extrínsecas que compriman las trompas.
6. Anomalías del cigote.
7. Endocrinopatias - deficiencias del cuerpo lúteo, en ovulación tardía.
8. Dispositivo intauterino (DIU)
9. Embarazo ectópico anterior.
10. Anticonceptivos con gestágenos en dosis bajas
11. Técnicas de fecundación asistida.
12. Fumadoras
Clasificación
Desde su lugar de origen, el óvulo puede ser fecundado y anidar en cualquier
parte del trayecto que normalmente sigue: ovario, trayecto ovárico-abdominal,
trompa y útero. Así se originan las distintas variedades topográficas de
embarazo ectópico. (1)
1. Abdominal primitivo: el huevo se implanta en la serosa abdominal en cuanto se
fecunda.
2. Ectópico ovárico superficial o profundo.
3. Fímbrico, ampular, ístmico o intersticial: si el huevo se fija en las partes
correspondientes de la trompa.
4. Cervical: cuando la anidación se hace en esta región del útero.
A veces ocurren reimplantaciones de algunas formas de implantación primitiva,
como en el embarazo:
1. Abdominal secundario: cuando después de anidado en el ovario o la trompa se
desprende y prosigue su desarrollo sobre el peritoneo.
2. Intraligamentario .
La implantación puede hacerse sobre anormalidades anatómicas: un quiste
tuboovárico, una deformación uterina, un divertículo de la trompa, un muñón de
trompa, un divertículo uterino o un cuerno rudimentario. (1)
Existen variedades que dependen del número de embarazos: (1)
1. Gestaciones ectópicas gemelares (dobles o triples).
2. Gestaciones ectópicas bilaterales.
3. Coexistencia o combinación de una gestación ectópica con una intrauterina
normal.
Se han descrito también recidivas de embarazos ectópicos en un muñón de trompa
operada. (1)
Frecuencia
La frecuencia del embarazo ectópico se ha duplicado o triplicado en la mayor
parte de los países industrializados durante los últimos 20 años, y ha llegado a
representar 2,2 % de los nacimientos y 1,7 % de las gestaciones conocidas. (1,8)
Existe aproximadamente un embarazo ectópico cada 100 a 150 partos, lo que
representa 3 % de todas las ginecopatías. Su frecuencia ha aumentado en los
últimos años y ello se atribuye al mayor número de malformaciones extrauterinas,
de abortos provocados, de tratamientos de la esterilidad y de curaciones de
salpingitis no totalmente satisfactorias. El uso de los antibióticos evita
muchas veces la oclusión tubaria, pero no restablece la permeabilidad normal, lo
que facilita la nidación ectópica. El embarazo ectópico es más frecuente en
mujeres que fueron anteriormente estériles. (1,9)
La localización tubaria es la más frecuente, alrededor 96 %, por lo cual nos
referimos casi exclusivamente a ella en este capítulo. La trompa derecha parece
estar afectada con una frecuencia casi doble con respecto a la izquierda. El
embarazo abdominal y el ovárico son raros (1 %) y las otras variedades son
excepcionales. (1,8)
El embarazo ectópico puede presentar recidivas con una mayor frecuencia en
pacientes que se embarazan después de una primera gravidez ectópica. (1)
Fisiopatología
En principio todos los embarazos comienzan siendo ectópicos, ya que la
fecundación se verifica en el tercio externo de la trompa. Para que lo continúen
siendo parecen ser fundamentales 2 mecanismos patogénicos: (1,9)
1. El retraso, la desviación o la imposibilidad de la migración del huevo.
2. La anticipación de la capacidad de implantación del huevo.
En el segundo caso, la implantación del huevo ocurre a los 3; 4 ó 5 días
posteriores a la fecundación y la considerable energía del trofoblasto origina
la anidación en el lugar en que se encuentra, aún sin una preparación local
especial. (8)
Dichos mecanismos pueden haber actuado cuando se analizan las causas capaces de
producir un embarazo ectópico, que son múltiples y de origen diverso, pero que
pueden agruparse en tubarias y ovulares, entre otras. En relación con el factor
tubario encontramos: (1)
1. Malformaciones como divertículos, bifurcaciones y conductos tubarios sin
salida.
2. Infantilismo caracterizado por la existencia de trompas hipoplásicas,
flemosas, con desarrollo imperfecto de los cilios.
3. Disfunción endocrina que ocasiona alteraciones de la movilidad tubaria y tal
vez de la nutrición tubotrofa.
4. Procesos inflamatorios agudos y crónicos e infecciones del posaborto y
posparto (fig. 14.8 a) que dejan alteraciones anatómicas del endosálpinx,
trompas con estenosis y obturaciones, formación de bolsas y fondos de saco,
alteraciones de la fisiología ciliar y de la peristalsis tubaria.
5. Endometriosis tubaria, así como del ovario y del peritoneo, que facilitan una
anidación anormal.
6. Operaciones plásticas sobre el oviducto.
7. Esterilización fallida, más aún con el uso de métodos como la laparoscopia y
la histeroscopia.
8. Tumores como fibromioma o quistes de ovario que comprimen la trompa desde el
exterior.
9. Operaciones abdominales y adherencias peritubarias.
10. Salpingografía cuando se empleaban sustancias irritantes.
Las causas tubarias están relacionadas principalmente con los obstáculos que el
huevo encuentra en su recorrido hasta la cavidad uterina. En relación con el
factor ovular se citan: (1)
1. El crecimiento demasiado rápido de la mórula con enclavamiento en la trompa.
2. La rotura prematura de la pelúcida e implantación precoz.
3. Los fenómenos de transmigración interna uterina y externa abdominal. En el
primer caso el huevo atraviesa el útero y se implanta en la trompa opuesta; en
el segundo, el óvulo es recogido por la trompa opuesta a través de la cavidad
abdominal; en ambos casos habría un alargamiento del camino que debe recorrer.
4. La fecundación precoz del óvulo, antes de su llegada a la trompa.
5. Las anomalías cromosómicas, de incidencia muy elevada en las gestaciones
ectópicas.
Se sospecha la causa ovular, justamente, cuando ha habido gestaciones normales
con anterioridad y después se producen éstas nuevamente. Las causas ovulares son
en gran parte hipotéticas. (8)
Otros factores asociados con el embarazo ectópico son los abortos provocados y
los dispositivos intrauterinos contraceptivos. (8)
Las pacientes con antecedentes de abortos provocados, cuando se comparan con un
grupo-control de mujeres sin este antecedente, presentan una frecuencia mayor de
embarazo tubario, en proporción de 58 contra 24 de cada 100 casos. (1)
Evolución
Durante las primeras semanas, el embarazo puede transcurrir sin alteraciones,
pero muy pronto, ante las condiciones del terreno más la barrera decidual escasa
y el poder erosivo del trofoblasto, el huevo está condenado a perecer.(1)
La evolución del embarazo tubario se realiza generalmente hacia la evolución
temprana que se verifica por 3 tipos de accidente: la formación de hematosalpinx,
el aborto tubario y la rotura tubaria, y menos frecuentemente, evolucionar en la
trompa por más tiempo o reimplantarse en la cavidad abdominal después del aborto
tubario(8).
En el hematosalpinx se produce el desprendimiento del huevo de la luz de la
trompa y del cierre de los extremos de ésta. El huevo puede reabsorberse o
llegar a supurar si se produce la infección. (9)
El aborto tubario puede realizarse por la cavidad uterina o la abdominal. En
este último caso puede verificarse una implantación secundaria que sería un
embarazo abdominal secundario. (9)
La rotura de la trompa se produce por fisuración o agrietamiento y más raramente
por rotura brusca, cuando la implantación es basiótropa. Ocurre entonces la
perforación en la porción de la trompa no cubierta por el peritoneo (perforación
hacia el ligamento ancho). De manera esquemática se ha dicho que el aborto
tubario produce un hematocele pelviano, mientras que la rotura tubaria da lugar
a hemorragia difusa peritoneal (cataclísmica).(1)
El embarazo ectópico puede evolucionar también hacia la conservación y llegar,
incluso, al término, eventualidad excepcional para los embarazos tubarios.(1)
Si el huevo muere puede enquistarse y producirse la momificación,
esqueletización, saponificación o incrustarse de sales calcáreas y originar un
litopedium (niño de piedra), litoquelifos (membranas de piedra) o
litoquelifopedium (niño y membranas de piedra). Muy rara vez podrá llegar al
término con feto vivo, como en el caso de un embarazo abdominal, pero aun así el
interés por la viabilidad es escaso, ya que tiene muy pocas probabilidades de
estar sano. (9)
Cuadro clínico
Los síntomas del embarazo tubario son muy variables, según el momento de su
evolución y la localización.
En la etapa inicial, y cualquiera que sea la localización del embarazo ectópico,
puede transcurrir igual a un embarazo normal; presenta los síntomas subjetivos
de una gestación temprana, la amenorrea, y, además, las pruebas biológicas son
positivas. A veces existen antecedentes de una menarquía tardía o de esterilidad
primaria o secundaria. (1)
El cuadro hemático es normal. Puede haber leves molestias o pesadez abdominal,
pero no dolores acentuados, pues el dolor es un signo tardío. (1)
Al hacer el tacto vaginal se encuentra el cuello uterino poco elevado,
laterodesviado y no francamente reblandecido. Existe cierta sensibilidad
dolorosa. El aumento del tamaño uterino quizás sea menor que el correspondiente
a una gestación intrauterina de igual tiempo. En ocasiones se palpa una
tumoración limitada, ovoidea, por lo común pequeña. El diagnóstico se basaría en
una tumoración yuxtauterina unilateral. Este período ha sido llamado por algunos
autores de evolución tranquila. Sucesivamente van apareciendo los síntomas que
indican intranquilidad y el inicio de complicaciones: las pérdidas de sangre y
el dolor. (9)
Habitualmente la amenorrea data de pocas semanas, puede simular un retraso
menstrual seguido de pequeñas pérdidas; algunas veces hay manchas de sangre
antes del período correspondiente. Resultan característicos un pequeño retraso,
irregularidades menstruales y metrorragias precoces. (1)
Las pérdidas de sangre suelen ser escasas, un goteo interminable de sangre
oscura, parda o negra maloliente, que no cede con el tratamiento ni con el
legrado. El sangramiento se acompaña en ocasiones de restos orgánicos (la sangre
hace recordar la borra de café); en algunos casos se expulsa un "molde" íntegro
de caduca. (1,9)
El dolor es el síntoma más constante, ya que está presente en más de 90 % de los
casos. Debe recordarse que una gestación normal no duele. Al principio de un
embarazo ectópico el dolor es poco intenso, como una sensación de peso o una
punzada generalmente unilateral; después es característica su tenacidad y
rebeldía a los analgésicos corrientes. A veces se irradia a la región lumbar, el
epigastrio o región hepática y subclavicular. (1,9)
Otros síntomas que también suelen presentarse son pequeñas lipotimias, vértigos
y zumbido de oídos o náuseas; son menos frecuentes, pero importantes cuando
existen. (1)
La palpación es por lo común negativa, puede despertar dolor en la parte baja de
la fosa iliaca correspondiente. Los signos físicos presentes al tacto vaginal
son: el útero, ya lo hemos dicho, está aumentado de volumen y redondeado, pero
menos que lo que debería de ser para un embarazo intrauterino de igual tiempo.
El volumen y reblandecimiento afectan esencialmente al cuerpo del órgano y el
cuello se modifica poco. (1)
En el fondo del saco lateral se percibe una masa laterouterina imprecisa que se
encuentra durante la exploración. Otras veces los signos son más evidentes. La
masa es más pequeña, de unos pocos centímetros de diámetro, y puede tener forma
ovoidea y ser dolorosa, aunque separada del útero; el clásico surco de
separación no es tan constante como se cree. El saco de Douglas, que estaba
libre o indoloro antes de cualquier accidente hemorrágico, se hace muy pronto
sensible y aun doloroso. (9)
Si los signos precedentes son los de un embarazo tubario no complicado, pueden
indicar a veces la existencia de pequeñas hemorragias intraperitonales, antes de
la aparición de las complicaciones. (9)
Hay algo que es fundamental en los embarazos ectópicos, y es que se diagnostique
antes de que aparezcan complicaciones, pues éstas pueden ser fatales. El
antecedente de una infección por Chlamydia trachomatis o Neisseria gonorrheae de
un embarazo ectópico anterior, de operaciones sobre las trompas, buscando
fertilidad o anticoncepción definitiva, la práctica de anticoncepción hormonal o
con dispositivos intrauterinos o el empleo de técnicas de reproducción asistida
favorecen la implantación ectópica de los embarazos. (5)
La laparoscopia puede visualizar la trompa grávida y la localización en ella del
embarazo; la presencia de sangre en el saco de Douglas o en la cavidad, es a
veces el primer signo. (9)
Durante la crisis o accidente, en la interrupción simple, el feto muere en la
trompa y se produce un hematosalpinx. Suele haber un aumento brusco del dolor,
pero sus síntomas a veces son puramente físicos por agrandamiento del tumor
anexial que se hace sensible y móvil. El vientre está blando y la mujer conserva
un buen estado general. Cesan los fenómenos gravídicos y la pérdida es discreta.
(9)
En la interrupción por aborto o por pequeñas roturas de la trompa (accidente
mediano), la paciente tiene un dolor agudo en el vientre o dolores repetidos
localizados en la fosa iliaca que se propagan al fondo del saco de Douglas y
pueden irradiarse al hombro derecho (signo de Laffont). Suele tener mal estado
general, vómitos, colapsos, expresión del síndrome de hemorragia interna, que se
manifiesta también por la palidez, las taquicardias y las lipotimias. (9)
La sangre que cae al peritoneo se acumula en el fondo del saco de Douglas, lo
que constituye el hematocele reconocible entre las 24 y las 48 horas. Este
hematocele es una masa fluctuante, remitente, que va apareciendo en el fondo del
saco vaginal posterior en forma progresiva y sensible. El dolor es habitualmente
pelviano; la paciente puede sentir tenesmo vesical, rectal o ambos (signos de
Oddi y de Moylan y Mosadeg). (9)
El hematocele puede organizarse y reabsorberse lentamente, pero puede
infectarse, supurar y abrirse en la cavidad peritoneal libre o en algún órgano
como el recto, por ejemplo. (9)
El cuadro de la interrupción por accidente grave se debe generalmente a la
ruptura tubaria. Se observa un cuadro parecido al anterior, pero mucho más
grave. Puede estar precedido a veces por pequeñas manifestaciones dolorosas y
metrorragias. El cuadro agudo se inicia con un dolor agudo intenso, sincopal,
que corresponde al momento de la ruptura. La hemorragia interna es más grave y
se añaden signos de shock: palidez marcada, sudación profusa, frialdad de las
extremidades, respiración superficial, pulso incontable, con hipotensión o sin
tensión y facciones afiladas. La mujer pierde el conocimiento. Con el examen
comprobamos que el vientre sigue los movimientos respiratorios, respira y no hay
contractura. El hipogastrio es muy doloroso a la palpación. A veces aparece el
ombligo de color azuloso (signo de Cullen). (1)
Al tacto, el fondo del saco de Douglas es muy doloroso. Este signo, unido a la
ausencia de defensa abdominal, constituye el signo de Proust, característico del
derrame de sangre abdominal. (9)
Puede ocurrir que la paciente muera sin dar tiempo a la intervención quirúrgica
como consecuencia de una hemorragia cataclísmica de Barnes e inundación
peritoneal; en otros casos es posible realizar la operación. Alguna vez la
ruptura ocurre entre las hojas del ligamento ancho con formación de un
hematocele o hematoma intraligamentario. En cuanto a las variaciones de los
síntomas en las diferentes localizaciones, podemos resumir planteando que los
accidentes más precoces y graves suceden en el embarazo ístmico o intersticial.
El accidente más frecuente es la rotura de la trompa con gran hemorragia
intraperitoneal. (9)
En el embarazo ampular, que es la variedad más común, los síntomas pueden variar
desde muy escasos o inadvertidos, hasta el aborto tubario con hemorragia
peritoneal. (9)
El embarazo fímbrico, al igual que el ovárico y el peritoneal, puede continuar
desarrollándose durante varios meses y excepcionalmente llegar al término. (9)
Diagnóstico
El diagnóstico del embarazo ectópico es difícil. El primer requisito es pensar
en él. Mondor ha insistido en que debe hacerse el diagnóstico antes de que se
produzcan las complicaciones, lo mismo que la apendicitis antes de la
perforación y la úlcera gástrica antes de la peritonitis. Se piensa demasiado en
el drama agudo y poco en el ectópico tolerado. (8)
Está bien establecida la secuencia diagnóstica: primero, se debe determinar que
existe un embarazo; segundo, demostrar que éste no está en el interior del útero
y, tercero, conocer -si efectivamente se trata de un embarazo ectópico- su
localización, tamaño, estado, posibilidades de tratamiento y futuro reproductivo
de la paciente. (5)
Cuando se sospecha el diagnóstico por los síntomas y la exploración señalados,
debe comprobarse con la laparoscopia. Ésta permite establecer el diagnóstico
categórico del embarazo tubario o excluir esa posibilidad y evitar así una
operación. (8)
Si se trata del embarazo ectópico complicado se puede realizar además la punción
del saco de Douglas o la punción abdominal para diagnosticar la presencia de
sangre en la cavidad abdominal. La existencia de sangre en la cavidad abdominal
debe sospecharse, aparte de otros síntomas, cuando se percibe una resistencia en
la bóveda vaginal posterior, probable manifestación de un hematocele. (8)
Es muy importante que se realice correctamente la punción del fondo de saco de
Douglas para evitar tanto los falso positivo como los falso negativo, pues en
ambos casos adoptaríamos una conducta incorrecta, y debe emplearse una aguja
bien gruesa (12, 14 ó 16) y larga, para introducirla al menos entre 3 y 5 cm y
poder aspirar con fuerza a través de una jeringuilla de 20 mL. El empleo de
agujas finas es la causa más frecuente de falso negativo. Si se obtiene sangre
podemos filtrarla en una gasa para demostrar que existen pequeños fragmentos de
coágulos, que apoyan el diagnóstico de embarazo ectópico roto y niegan que
corresponda a sangre menstrual que llegó al peritoneo por vía retrógrada o que
se trata de sangre extraída de un vaso sanguíneo. La punción no debe dejar lugar
a duda; si sospechamos una punción vaginal con resultado falso negativo debemos
hacer punciones abdominales en las fosas ilíacas para dejar bien establecido que
no existe hemoperitoneo, pues éste, aunque sea pequeño, impone la realización de
una laparoscopia, aunque sospechemos que se trate de un folículo hemorrágico
(éstos pueden ser resueltos prácticamente siempre por laparoscopia). (5)
En la laparoscopia el diagnóstico es sencillo y se basa en la observación de la
trompa que aparece dilatada, de color azulado o rojo oscuro, amorcillada y más o
menos visible de acuerdo con la localización y el tiempo de evolución. Cuando
surge una complicación como el aborto tubario o la rotura de la trompa,
observamos sangre libre en el abdomen en cantidad más o menos abundante; cuando
es grande el hemoperitoneo la sangre puede ocultar los anejos y dificultar el
diagnóstico exacto, que es imprescindible para determinar la conducta que se
debe seguir. Nunca olvide que hemoperitoneo no es sinónimo de embarazo ectópico:
su rápida aspiración -si la paciente está estable- y la reposición de sangre
inmediata permitirán efectuar en muchos casos la cirugía, con seguridad, por
laparoscopia. (5)
Diagnóstico diferencial. Debe hacerse en los casos no complicados con el quiste
ovárico, la anexitis aguda, y la distrofia ovárica: quiste folicular o quiste
luteínico. (9)
Otra literatura revisada señala: (4)
1. Quiste de ovario.
2. Amenaza de aborto o aborto en cualquiera de sus variedades.
3. Apendicitis aguda.
4. Complicación del DIU.
5. Folículo persistente o hemorrágico.
6. Quistes del cuerpo amarillo.
7. Inflamación pélvica crónica agudizada o aguda (suele enmascarar el
ectópico complicado)
8. Endometriosis.
9. Embarazo intrauterino asociado a otra afección.
10. Apendicitis aguda.
11. Miomas complicados.
12. Mola hidatidiforme.
Recordar: La no existencia de amenorrea no excluye la posibilidad de embarazo
ectópico; el dolor es el rasgo predominante; la perdida sanguínea vaginal es uno
de los síntomas mas frecuentes; el tacto vaginal es fundamental, pero su
aparente normalidad no excluye la posibilidad de embarazo ectópico. (5)
Tratamiento
Todo embarazo ectópico tubario, complicado o no, debe ser operado
inmediatamente. Es necesario restablecer la volemia normal antes de la
intervención o simultáneamente, mediante la transfusión de sangre total. Más
vale operar 10 casos y descubrir que el diagnóstico fue equivocado que cometer
una omisión (Dannventer). (9)
La operación de elección es la salpingectomía total del lado correspondiente,
respetando el ovario. Deben examinarse la trompa y el ovario del lado opuesto.
En los casos de riesgo en que no hay interés por tener nuevos hijos debe
aplicarse la salpingectomía total bilateral. Algunos autores han recomendado la
salpingectomía, vaciar el contenido y hacer hemostasis; pero se debe respetar la
función reproductiva en el caso de que la paciente hubiera sufrido la
extirpación de la otra trompa.
Debe recordarse que es probable el embarazo ectópico recurrente en la misma
trompa y el riesgo que ello entraña. (9)
En el momento de seleccionar la técnica quirúrgica debemos tener en cuenta las
características del servicio en cuestión, para decidir si se puede realizar por
laparoscopia o es necesaria una laparotomía, y evaluar: el estado de la trompa
(rota o no); la localización del embarazo (intersticial, ístmico o ampular); el
tamaño del tumor (los límites han variado en los años y servicios, entre 3 y 8
cm); la accesibilidad operatoria (presencia y caracteres de las adherencias);
las dificultades técnicas para lograr la hemostasia; los deseos de mantener la
fertilidad por parte de la mujer y el estado del otro anejo. (5)
Cuando no interesa la fertilidad posterior todo resulta más fácil, y entonces el
factor fundamental que se debe tener en cuenta es el tamaño del embarazo y, por
lo tanto, el grado de lesión tubaria, en este caso ya sabemos que debemos
resecar la trompa. Pero si interesa la fertilidad posterior es cuando surgen
discrepancias entre las posibles conductas. Unos defienden realizar siempre
cirugía conservadora, independientemente del estado del otro anejo; otros
realizan resección de la trompa dañada si la otra y su ovario son normales.
Consideramos que ambos tienen elementos de valor en sus decisiones. Si se es
conservador hay más riesgos de que exista sangramiento posoperatorio, de que
quede tejido ovular residual -con todos sus peligros, incluso la malignización-
y de que un nuevo embarazo se implante en el mismo sitio. Los que defienden la
cirugía conservadora en todos los casos plantean como detalle básico que no
pueden saber con exactitud el estado real de la trompa, y que aunque ésta
parezca normal por la visualización externa, puede estar obstruida. Nosotros
preferimos extraer la trompa afectada si la otra es normal, y sólo somos
conservadores cuando la contralateral no existe o está dañada. (5)
El tratamiento del embarazo ectópico con citostáticos sólo debe ser realizado en
lugares especializados y por personas muy dedicadas a su estudio y tratamiento,
y que, además, posean todas las condiciones para su seguimiento evolutivo. (9)
Se recomienda administrar antimicrobianos que puedan actuar sobre la Chlamydia
trachomatis y las Neisserias, como las tetraciclinas, eritromicinas y las
quinolonas. (9)
Embarazo ectópico complicado. Puede dividirse en 2 grupos: (5,9)
1. Con estabilidad hemodinámica.
2. Con signos de descompensación hemodinámica o shock.
En ambos, los síntomas del embarazo ectópico no complicado estarán presentes. Es
muy poco probable que sea posible realizar cirugía conservadora, porque, por lo
general, son fetos grandes y se ha roto la pared tubaria o uno de estos casos.
Embarazo ectópico intersticial. Es la localización más peligrosa, por la profusa
hemorragia que provoca; en estos casos se recomienda realizar la extirpación de
una cuña del cuerpo uterino que incluya la trompa, o la histerectomía. (5)
Embarazo ectópico intraligamentario. La técnica quirúrgica debe ser cuidadosa,
debido a la posibilidad de que dañemos los vasos iliacos o el uréter. (5)
Embarazo ectópico abdominal. Será tratado de inmediato por cirugía laparotómica
por el cirujano y el anestesiólogo de más experiencia.(5)
Debemos garantizar antes de realizar la cirugía que contemos con 2 ó 3 L de
hemoderivados; tratar de precisar por ultrasonografía el sitio de inserción de
la placenta y extraerla siempre que sea posible. En ocasiones, se deja in situ
si está implantada sobre vasos gruesos. (5)
Pronóstico
El embarazo ectópico constituye una causa importante de mortalidad materna (10 a
12 % de todas ellas). Esto representa una muerte por cada 1 000 embarazos
ectópicos. Si el diagnóstico se efectúa precozmente, la mortalidad sólo debía
reflejar el riesgo anestésico y el quirúrgico de una laparotomía programada;
pero si está accidentado, la mortalidad se agrava en función del grado de anemia
aguda y por el riesgo de una laparotomía urgente. (9)
El pronóstico de fertilidad es sombrío. El 50 % de las mujeres con embarazo
ectópico no vuelven a concebir y sólo 50 % llegan a tener un hijo vivo. De las
que vuelven a quedar gestantes 15 % repiten otro ectópico (Schoen, 1975) y si
valoramos las que tienen una sola trompa y se les práctica cirugía conservadora,
el riesgo de un embarazo ectópico se eleva a 20 %.(9)
Conclusiones
Para disminuir la morbilidad y mortalidad del embarazo ectópico es preciso un
diagnóstico oportuno y precoz antes de aparecer las complicaciones, esto
dependerá de una adecuada educación de la población sobre sus principales
aspectos clínicos, evolución y riesgos, unido a un sistema de salud eficiente
que se inicia desde el nivel primario hasta el hospitalario.
Bibliografía
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Ciencias medicas .2001, 37.
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3. Hernández Cabrera, Jesús. Placenta previa: incidencia, algunas
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1995-1996. Rev Cubana Obstet Ginecol, Mayo-ago. 1998, vol.24, no.2, p.92-97.
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ginecoobstétrico. Rev Cubana Enfermería v.19 n.3 Ciudad de la Habana sep.-dic.
2003
8. SIUM. Urgencias Médicas. Misceláneas.5.127
9. Sinobas H, Candebat Z. Gestorragias. En: Rigol Ricardo O. Obstetricia y
Ginecología. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 1984; t2:50.
Enviado por Dra. Saratania Crespo López
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Publicado Friday 12 de February de 2010
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